Diez minutos de dentelladas, cinco de mordisquitos y media hora de buscar aire como pez en el agua. Pero siempre, siempre, con dignidad y actitud, mucha más que en el partido de Liga y en la primera parte de la ida. El Madrid hizo lo que tenía que hacer, lo que podía, lo que le reclamaba el alma. Vivir o morir, pero al menos intentarlo en el camino. Puso en apuros al Barcelona mientras le aguantaron los pulmones, poco porque ante los azulgrana el aire se va con más facilidad que ante el resto. Toca y toca y nada, o casi nada le afecta. Solo tiene que esperar y ver cómo el rival se le desmadeja solo. No es fácil hacerlo, aunque viéndole lo parezca. Hay que tocar con mucha velocidad y gran precisión para eludir una presión de este tipo, pero el Barcelona lo hace, por eso está donde está y los demás varios peldaños por debajo.